De un tiempo a esta parte tenemos en el país la manía de discutirlo todo. Desde lo aparentemente importante hasta lo evidentemente estúpido.
Todo se merece un debate, una mesa redonda, una polémica, un pequeño parlamento de lo innecesario o una enorme asamblea de lo políticamente correcto y hasta de lo incorrecto. Mesas, diálogos, terapias de grupo, pues.









